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slow life Y Luisa Atanor

Actualizado: 6 ago

El movimiento slow life es toda una filosofía de vida, una manera de entender el mundo que nos rodea y la manera de vivir el día a día. Llegué a él por casualidad a través del libro de Carl Honoré, Elogio de la lentitud.


El significado de slow life es vida lenta, literalmente pero el movimiento slow no significa ser vago y trabajar poco. Significa tomarse la vida de otra manera, lejos de la prisa que envuelve nuestro día a día. Significa disfrutar de cada acción, de cada momento y de cada persona.

Por lo tanto si te preguntas qué es slow life, lee atentamente porque el movimiento slow life significa saber parar, dejando de lado la vorágine del mundo que nos rodea. Significa saborear un presente efímero al que no solemos dedicarle mucho tiempo. Y esta filosofía de vida se extiende a todos los ámbitos de la vida.


del hilo y la aguja

a la evolución personal

Desde muy joven, descubrí que las manos podían contar historias. La costura fue mi primer lenguaje: puntadas firmes, tejidos que respiraban, colores que no obedecían a modas pasajeras, sino a la emoción y la esencia de cada prenda. Mi taller se convirtió en un refugio para la creación consciente, un espacio donde la moda no era sinónimo de prisa, sino de cuidado, respeto y permanencia.


Sin saberlo, ya estaba viviendo el espíritu del Slow Life: un modo de habitar el mundo donde cada acción tiene su tiempo, cada gesto su sentido y cada elección su propósito.


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Durante años confeccioné moda sostenible, apostando por producciones pequeñas, materiales nobles, reciclados y procesos artesanales. Creía, y sigo creyendo, que cada prenda es un acto de comunicación y una declaración de valores. La moda lenta me enseñó a escuchar: escuchar al tejido, a la forma, al cliente… y también a mí misma. Ese ritmo me permitió cultivar la presencia y descubrir que el acto de crear no termina en el producto final: se expande hacia la persona que lo lleva y hacia la historia que juntos construimos.


El atanor de los alquimistas

Me llamo Luisa Atanor, y elegí ese nombre porque "el atanor" es el horno, la copa, la vasija donde el alquimista realiza sus transformaciones. Al principio, pensaba en él como un símbolo de mi trabajo en la moda: cada mujer que entraba en mi taller vivía una transformación exterior a través de la ropa que creaba para ella. Sin embargo, con el tiempo comprendí que la verdadera alquimia no ocurre solo en la apariencia, sino en lo más profundo del ser.


El auténtico "atanor" es nuestro propio cuerpo, el recipiente sagrado donde la vida nos ofrece la posibilidad de transformarnos por completo, desde el alma hasta la piel.
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Esa toma de conciencia fue abriéndome a otro camino: el del acompañamiento humano. Comprendí que así como una prenda puede transformar la forma en que nos presentamos al mundo, también nuestro mundo interior necesita ser tejido, cuidado y reparado. Así nació mi labor como terapeuta y facilitadora, ayudando a cientos de personas en su crecimiento personal, con un enfoque transpersonal que reconoce que somos mucho más que cuerpo y mente: somos consciencia en evolución.


Con el tiempo, ese hilo invisible que une la creación artesanal con el desarrollo humano se hizo tan claro que decidí darle un nombre y un espacio propio: KORADHI vida consciente. Mi escuela es hoy el lugar donde confluyen mis dos grandes pasiones: la creación consciente y la evolución interior. Allí aplico la metodología de Neo Consciencia Evolutiva, un camino que integra coherencia cerebral, coherencia cardíaca y un profundo trabajo de presencia. Enseño a vivir de forma consciente, a sanar desde dentro y a reconectar con la propia esencia.



Cómo nació el movimiento slow life

Nació en 1986 en Italia cuando el periodista Carlo Petrini se encontró con un McDonald’s en la Plaza de España de Roma. En un país como Italia, con un culto por la buena comida tan extendido, aquel acto era ir demasiado lejos.


Su campaña en contra fue la mecha que promovió el movimiento slow food. Su discurso se basa en comer bien al tiempo que se respeta el planeta. En este momento cuenta con unos 80.000 miembros en todo el mundo.


A partir de la filosofía Slow Food nacieron todos los demás movimientos que engloban el slow living. Sus inicios fueron en Europa pero en poco tiempo su filosofía se extendió a lugares tan lejanos como Australia o Japón. Hoy en día podemos encontrar ciudades slow (Cittaslow) en todos los continentes.


España no se ha quedado atrás. Actualmente hay 8 ayuntamientos adheridos al movimiento slow. De hecho hay una web especializada en la que se explica cuáles son y qué principios cumplen para ser ciudades lentas.


slow fashion

Transparencia de los procesos de producción e introduce la trazabilidad de las prendas. El objetivo es consumir de forma consciente y darle una nueva vida a la ropa que usas. Además, es una forma de saber quién ha producido esa prenda, dónde ha sido y en qué condiciones se ha elaborado.


Productos que tengan sentido y permanencia, en los que puedas invertir tu dinero a largo plazo. Se trata de comprar algo con valor añadido, un producto que pueda diferenciarte de las masas y hacerte sentir especial.


Conciencia medioambiental es una tendencia en auge que tiene como base eliminar a toda costa conductas que sean perjudiciales para el medio ambiente y para la salud de todos. Es fundamental dejar de lado la moda industrializada, pensar en las personas que la producen y las consecuencias que tiene esta producción a corto y largo plazo.


Condiciones laborales óptimas y reguladas son importantes y se hace especial hincapié en las condiciones en las que se trabaja en la fábrica y poder tener un contacto directo con los trabajadores. De este modo, se cuida mucho más al empleado y se conocen cuáles son sus necesidades, un trabajador así será más productivo y además, permanecerá más tiempo en la compañía.


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El fast fashion es totalmente incompatible con la sostenibilidad. No hay lugar en el mundo para las dos corrientes.

Hoy en día sigo confeccionando en mi taller, pero ahora cada puntada está sostenida por una vida dedicada a guiar procesos de transformación personal.


La moda me enseñó el arte de hacer con atención; la vida, el arte de vivir con sentido. Hoy sé que ambos caminos son, en realidad, uno solo: un hilo que une el ser y el hacer, y que me ha llevado a ayudar a otros a tejer su propia historia.


¡Te saludo desde el corazón!

GASSHO

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