Bigu: el misterioso ayuno taoísta que prohibía los cereales
Actualizado: hace 1 día

De la antigua China al Hekikoku japonés: una tradición de más de dos mil años
Cuando hablamos de ayuno, solemos pensar en las grandes tradiciones religiosas que conocemos: el cristianismo, el judaísmo, el islam o las diferentes prácticas de la India. Sin embargo, en la antigua China existió una tradición mucho menos conocida en Occidente que llevó la relación con la alimentación hasta un territorio completamente diferente.
Se llamaba Bigu (辟穀) y su nombre significa literalmente “evitar los cereales”.
Pero el Bigu no fue simplemente una dieta ni un método de adelgazamiento. Aparece en diferentes momentos de la historia china dentro de prácticas relacionadas con el taoísmo, la longevidad, el cultivo del cuerpo y la búsqueda de transformación espiritual.
Y lo más fascinante es que esta historia no terminó en China. Algunas de estas ideas viajaron hasta Japón y allí adquirieron nuevas formas, como el Hekikoku, el Kokumotsu-dan y determinadas prácticas de Mokujiki.
Para comprender el Bigu tenemos que viajar mucho más atrás que las actuales modas sobre el ayuno y entrar en una concepción completamente diferente del cuerpo, de la alimentación y de la vida.
¿Qué significa realmente Bigu?
Bigu (辟穀) significa literalmente “evitar los cereales”. Bi hace referencia a evitar o apartar y gu significa cereal o grano.
Pero detrás de esta traducción sencilla existe una práctica que podía adoptar diferentes formas según la época y el texto en el que apareciera. En algunos casos significaba eliminar los cereales de la alimentación; en otros podía implicar una reducción importante de la comida, acompañada de plantas, preparados, prácticas respiratorias o diferentes técnicas de cultivo.
Por eso no debemos imaginar el Bigu como una dieta perfectamente definida, con un menú y unas reglas universales. Era más bien un conjunto de prácticas de abstención de cereales que fue cambiando a lo largo de la historia china.
Y aquí encontramos algo fundamental: el objetivo original no era adelgazar.
El Bigu estaba relacionado con determinadas concepciones de longevidad, transformación corporal y trascendencia. Un estudio publicado por la Universidad de Medicina China de Pekín señala precisamente que el Bigu histórico fue originalmente una práctica taoísta vinculada a la búsqueda de la inmortalidad y no una técnica de alimentación cotidiana para personas sanas.
Los cereales y los cinco granos
Para comprender por qué los cereales tenían tanta importancia tenemos que recordar que constituían la base de la alimentación de la antigua China.
En diferentes textos encontramos el concepto de Wugu (五穀), los “cinco cereales”, aunque la composición exacta de esos cinco granos puede variar según la época y la fuente:
Mijo (黍, shǔ)
Mijo de cola de zorra o panizo (稷, jì)
Trigo (麥, mài)
Arroz (稻, dào)
Soja (菽, shū)
Lo importante es entender lo que representaban: los cereales eran el alimento cotidiano, la base de la vida ordinaria. Por eso renunciar a ellos tenía un significado mucho más radical que eliminar hoy el pan durante unos días.

El practicante que realizaba Bigu se apartaba deliberadamente de uno de los alimentos fundamentales de su sociedad. Y precisamente esa ruptura con la alimentación ordinaria era parte de la transformación que buscaba.
Una práctica muy antigua
Las referencias a la abstención de cereales aparecen en textos chinos muy antiguos. Entre los testimonios fundamentales se encuentran los materiales de Mawangdui, descubiertos en una tumba de época Han y fechados en torno al siglo II a. C., donde encontramos prácticas relacionadas con la alimentación, la respiración y la circulación del Qi.
El estudio histórico de estas tradiciones muestra que la abstención de cereales pertenecía a un universo mucho más amplio de prácticas de cultivo de la vida. El objetivo podía ser modificar el cuerpo, desarrollar determinadas capacidades y acercarse a un ideal de longevidad o trascendencia.
El Routledge Handbook of Chinese Medicine describe el Bigu como la abstención de los cereales cultivados, en ocasiones sustituidos por plantas silvestres, y lo relaciona con objetivos como la trascendencia y la purificación del cuerpo de los llamados Tres Cadáveres y Nueve Gusanos.
Por tanto, estamos ante una práctica documentada dentro de una tradición histórica compleja, no ante una invención moderna que simplemente haya tomado prestado el nombre de Taoísmo.
Los Tres Cadáveres y los nueve gusanos
Y aquí encontramos uno de los conceptos más fascinantes de toda esta tradición: los Tres Cadáveres, conocidos como Sanshi (三尸).
Según determinadas concepciones taoístas, dentro del cuerpo humano existían tres entidades o influencias relacionadas con el deterioro, la enfermedad y la muerte. Estas entidades estaban asociadas a diferentes partes del cuerpo y, según los textos, podían incluso informar de las faltas de una persona ante las autoridades celestiales.

Lo más curioso es su relación con los cereales. Según esta cosmología, los Tres Cadáveres se alimentaban de los cereales que ingería la persona. Por eso eliminar los cereales podía debilitarlos y formar parte de las prácticas destinadas a prolongar la vida,asu vez los Nueve Gusanos pertenecen fundamentalmente a una cosmología tradicional sobre el funcionamiento y el deterioro del cuerpo.
La Stanford Encyclopedia of Philosophy recoge esta concepción taoísta y explica que, precisamente porque los Tres Cadáveres se consideraban alimentados por los cereales, la abstención de estos Bigu, se convirtió en una de las vías para combatirlos.
Naturalmente, estamos hablando de una cosmología religiosa, no de una descripción anatómica, comprenderla es imprescindible si queremos entender qué significaba realmente el Bigu para quienes lo practicaban.
Comer para vivir y comer para morir
Aquí encontramos una paradoja que atraviesa toda esta tradición. Los alimentos son los que nos permiten vivir, y determinados taoístas consideraban que algunos alimentos también podían favorecer el deterioro del cuerpo.
Por eso la cuestión no era simplemente “comer o no comer”. Se trataba de comprender qué tipo de alimentación favorecía la vida y qué tipo de alimentación podía interferir en el proceso de transformación. Desde nuestra perspectiva actual puede resultar extraño, pero dentro de aquella cosmología tenía una lógica interna muy concreta.
El alimento que sostiene la vida cotidiana no necesariamente era el alimento que permitía alcanzar una forma superior de existencia. Y ahí es donde el cereal adquiere un significado completamente diferente.
Qi y Fuqi: alimentarse de otra manera
Aquí aparece uno de los grandes conceptos de la cultura china: Qi (氣).
Traducir Qi simplemente como “energía” puede servir como aproximación, pero es insuficiente. El Qi pertenece a una concepción mucho más amplia de la naturaleza, el cuerpo, el aliento y los procesos de transformación de la vida.
En determinados textos encontramos la práctica denominada Fuqi (服氣), que puede traducirse como “tomar Qi” o “alimentarse de Qi”. Estas prácticas respiratorias podían aparecer relacionadas con la abstención de alimentos. El practicante reducía la alimentación ordinaria y desarrollaba técnicas destinadas a trabajar con la respiración y el Qi.
No significa que los antiguos taoístas hubieran descubierto que el ser humano puede vivir fisiológicamente del aire. Esa sería una interpretación moderna que no corresponde al significado histórico. Significa que dentro de aquella cosmología respirar, absorber el Qi de la naturaleza y cultivar la vitalidad podían entenderse como formas de nutrición sutil.
Yangsheng: cultivar la vida
Otro concepto fundamental es Yangsheng (養生), que podemos traducir como “nutrir la vida” o “cultivar la vida”.
Yangsheng no era simplemente una dieta. Era una manera de comprender cómo conservar y desarrollar la vitalidad mediante una combinación de alimentación, respiración, movimiento, descanso, conducta y cultivo interior.
Por eso el Bigu aparece relacionado con tantas otras prácticas, no era necesariamente el centro de todo el sistema, sino una de las herramientas que determinados practicantes podían utilizar dentro de un camino mucho más amplio. La idea de cultivar la vida resulta fundamental para comprender el pensamiento chino tradicional: el cuerpo podía ser trabajado, regulado y transformado mediante disciplina.
El cuerpo como laboratorio: la alquimia interna

Con el desarrollo posterior del taoísmo aparece otro concepto fundamental: Neidan (內丹), la alquimia interna. La imagen es extraordinariamente poderosa: el cuerpo se convierte en el laboratorio de transformación.
Ya no se trata solamente de buscar una sustancia externa capaz de prolongar la vida. El propio cuerpo se convierte en el lugar donde se desarrolla el proceso alquímico. Aparecen entonces conceptos como Jing, Qi y Shen, asociados a diferentes dimensiones de la transformación interna.
La alimentación, la respiración, la meditación y otras prácticas corporales podían integrarse dentro de estos sistemas. Y aquí debemos mantener una distinción: Bigu y alquimia interna no son sinónimos. Son conceptos y prácticas diferentes que, en determinados momentos históricos, llegaron a relacionarse.
Bigu y Zhai: dos formas diferentes de ayuno
Cuando hablamos de ayuno taoísta también aparece otra palabra importante: Zhai (齋).
Zhai está relacionado con la abstinencia y la purificación ritual y podía formar parte de la preparación para determinadas ceremonias religiosas. En este caso, el ayuno tenía una función principalmente ritual.
Bigu, en cambio, está especialmente relacionado con la abstención de cereales y con determinadas prácticas de cultivo, longevidad y transformación. Por eso no debemos meter todo el ayuno taoísta dentro de la palabra Bigu. Bigu es una tradición específica dentro de un universo mucho mayor de prácticas de abstinencia y cultivo taoísta.
El ayuno de la mente
Y existe todavía otra idea fascinante: Xinzhai (心齋), el llamado “ayuno de la mente” o “ayuno del corazón”. Aparece en el Zhuangzi y ya no habla de eliminar alimentos. Habla de vaciar la mente de sus fijaciones, reducir el ruido interior y desarrollar una actitud de apertura y receptividad. Aquí el concepto de ayuno adquiere una dimensión completamente diferente.
Podemos ayunar de alimentos, pero también podemos ayunar de aquello que constantemente introducimos en nuestra mente. Y esta idea resulta especialmente interesante porque nos muestra que, dentro del pensamiento taoísta, el ayuno podía convertirse también en una forma de vaciamiento y transformación interior.
De China a Japón: Hekikoku
La historia no termina en China. Durante siglos, diferentes ideas, textos, prácticas religiosas y conocimientos procedentes del continente viajaron hacia Japón y fueron reinterpretados dentro de la cultura japonesa. Entre estas prácticas encontramos también la abstención de cereales.
En Japón aparece el término Hekikoku (辟穀), escrito con los mismos caracteres que Bigu.
La idea fundamental se conserva: apartarse de los cereales.
Y esta práctica se desarrolla dentro de contextos japoneses propios, relacionados con diferentes formas de ascetismo, religión y cultivo corporal. Y esto es importante porque las tradiciones no viajan intactas. Cuando una práctica cambia de cultura, también cambia de significado.
Kokumotsu-dan y Kokumotsu-zetsu
Dentro del mundo japonés encontramos también expresiones como Kokumotsu-dan y Kokumotsu-zetsu, relacionadas con la idea de cortar o abandonar los cereales.
No debemos convertir estas expresiones simplemente en traducciones japonesas de Bigu.
Pertenecen a contextos históricos concretos y deben estudiarse dentro de la propia tradición japonesa, sí nos permiten seguir el rastro de una idea fundamental: la abstención de los cereales como práctica de disciplina y transformación. La misma idea había viajado de China a Japón, pero allí adquirió nuevas formas.
Mokujiki: la austeridad de los ascetas japoneses
Otro término fundamental es Mokujiki (木食), relacionado con determinadas formas de alimentación austera practicadas por ascetas y religiosos japoneses. En algunos contextos, estas prácticas podían incluir la eliminación de cereales y una alimentación extremadamente sencilla.
La alimentación dejaba de ser simplemente una cuestión de supervivencia y se convertía en parte de una disciplina religiosa. El practicante modificaba su manera de comer al mismo tiempo que modificaba su manera de vivir. La austeridad alimentaria formaba parte de una vida de retiro, disciplina y transformación.
Las montañas de Japón y el Shugendō
Muchas de estas prácticas ascéticas japonesas estuvieron relacionadas con el Shugendō, una tradición de ascetismo de montaña que reúne diferentes elementos religiosos japoneses. La montaña se convertía en un espacio de transformación. Alejarse de la vida cotidiana significaba también alejarse de sus comodidades y someterse a determinadas disciplinas físicas y espirituales.
Caminar por la montaña, realizar prácticas rituales, meditar, controlar la alimentación y enfrentarse a condiciones difíciles podían formar parte de este camino. El cuerpo no era simplemente algo que había que soportar, era el instrumento de la práctica.
¿Qué queda de todo esto hoy?
Y aquí llegamos a una de las partes más interesantes de nuestra investigación.
¿Todo esto pertenece únicamente al pasado? No exactamente.
El taoísmo continúa vivo en China y existen actualmente templos, comunidades, maestros y diferentes formas de práctica taoísta. También continúan desarrollándose disciplinas como el Qigong, la meditación y diversas artes internas. El término Bigu también continúa apareciendo en determinados contextos contemporáneos.
Algo parecido encontramos en la tradición cristiana de la inedia, donde algunos místicos y ascetas afirmaban poder sostenerse durante largos periodos sin alimento. Al igual que en determinadas prácticas taoístas, yóguicas y japonesas, el cuerpo deja de entenderse únicamente como una realidad que necesita alimento material y pasa a contemplarse como un organismo capaz de nutrirse de una realidad más sutil, espiritual o vital.
Bigu frente a nuestra alimentación actual
Y aquí llegamos a la pregunta que, para mí, hace que toda esta historia cobre todavía más sentido. Los antiguos taoístas vivían en una sociedad en la que el cereal era un alimento básico y reconocible. El grano era grano. Se cultivaba, se almacenaba, se cocinaba y constituía una parte fundamental de la alimentación. Nosotros vivimos en una situación completamente diferente.

Hoy muchas veces ni siquiera consumimos el cereal tal como es. Lo transformamos en harina, lo refinamos, lo mezclamos con otros ingredientes y lo convertimos en pan, galletas, bollería, cereales de desayuno, snacks y una enorme cantidad de productos industriales.
Y aquí aparece una diferencia que merece toda nuestra atención: no es lo mismo hablar del cereal que hablar de todos los productos que nuestra industria alimentaria fabrica a partir del cereal.
El pan, por ejemplo, es un alimento procesado. Moler un cereal, fermentarlo o cocinarlo también son formas de procesamiento que forman parte de la alimentación humana desde hace miles de años. El problema nutricional actual se concentra especialmente en determinados productos refinados y ultraprocesados y en su composición global, no simplemente en el hecho de que hayan sido procesados.
Además, las revisiones científicas recientes encuentran asociaciones favorables entre el consumo de cereales integrales y determinados resultados cardiovasculares y metabólicos. Una revisión sistemática y metaanálisis que reunió más de 1,6 millones de participantes encontró una asociación entre mayor consumo de cereales integrales y menor riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad, mientras que la evidencia sobre cereales refinados era mucho menos concluyente.
Por tanto, no podemos decir rigurosamente que “la ciencia ha demostrado que los cereales son malos”, y sí podemos plantear una reflexión mucho más interesante.
Conclusión: ¿tenían razón los taoístas?
Hace más de dos mil años, determinados taoístas llegaron a una conclusión radical: prescindir de los cereales. No lo hicieron porque conocieran la fibra, el índice glucémico, la microbiota o las enfermedades metabólicas tal como las entendemos hoy. Lo hicieron desde otra cosmología, en la que los cereales estaban relacionados con los Tres Cadáveres, el deterioro del cuerpo y la dificultad para alcanzar determinados estados de longevidad y transformación.
Nosotros vivimos en otro mundo.
Hoy la ciencia no dice que los cereales sean malos. De hecho, distingue entre cereales integrales y refinados y encuentra beneficios asociados al consumo de los primeros. Pero al mismo tiempo nuestra alimentación moderna ha llevado el cereal a un nivel de transformación que los antiguos taoístas ni siquiera podían imaginar: harina refinada, pan industrial, bollería, galletas, snacks y multitud de productos ultraprocesados.
Y aquí es donde la comparación se vuelve verdaderamente fascinante. Los taoístas cuestionaron el cereal, nosotros deberíamos cuestionar qué estamos llamando cereal. Porque quizá hoy el problema no sea simplemente el grano. Quizá el problema esté en todo lo que hemos construido alrededor de él.
El cereal que crece en la tierra y el producto industrial que encontramos en una estantería pueden compartir un origen, pero están muy lejos de ser el mismo alimento. Por eso no diría que la ciencia moderna ha demostrado que los taoístas tenían razón.
Diría algo mucho más sugerente:
Hace más de dos mil años, una tradición espiritual se atrevió a cuestionar uno de los alimentos fundamentales de su sociedad. Y hoy nosotros volvemos a hacernos preguntas sobre nuestra relación con los cereales, pero desde la nutrición, la medicina y la ciencia.
Las respuestas no son las mismas, los motivos tampoco, y la pregunta sigue sorprendentemente viva:
¿Qué ocurre cuando dejamos de dar por sentado aquello que llevamos generaciones considerando imprescindible?
Quizá esa sea la verdadera enseñanza que podemos extraer del Bigu no necesariamente que tengamos que vivir sin cereales, sino que, de vez en cuando, merece la pena mirar aquello que forma parte de nuestra vida cotidiana y preguntarnos si realmente seguimos eligiéndolo nosotros o simplemente hemos aprendido a consumirlo sin cuestionarlo.
¡TE SALUDO DESDE EL CORAZÓN!
GASSHO
Luisa Atanor





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